Enfoque humano a la Prevención de Riesgos Laborales

¿Se ha despersonalizado la Prevención de Riesgos Laborales y solo nos dedicamos a poner botas y cascos?

Posted by Juan Andrés Alemany 07 de mayo, 2019

Mejoramos la prevención técnica día a día, adquirimos equipos de protección individual, se imparte más formación, la gente habla más de prevención de riesgos laborales, pero lo cierto es que actualmente tenemos índices de incremento de la siniestralidad y prácticamente todos los días hay un muerto o dos por accidente laboral.

Me preguntó ¿Fallamos en algo concreto? ¿Fallamos a nivel general? ¿O puede que estemos fallando en el foco? Pienso que es posible que estemos dedicando más tiempo a la prevención técnica y a quedar bien con las Administraciones públicas y la autoridad competente, haciendo papeleo, que a lo que realmente es el origen de la prevención, LAS PERSONAS.

Cuando analizamos muchos de los accidentes ocurridos, al final generalmente encontramos un fallo de origen humano. La no utilización de un equipo de protección, no seguir un procedimiento de trabajo, uso incorrecto de un equipo, una protección no ubicada en su sitio, un riesgo no evaluado o mal evaluado (esto creo que merece un debate por sí solo. La carga a la que muchos técnicos de prevención están sufriendo en los servicios de prevención ajenos no pudiendo dar cobertura a lo que realmente deberían hacer, utilizando sistemas informáticos para realizar la evaluaciónes de forma estándar y no pudiendo realmente hacer una evaluación específica tanto del puesto, como de las máquinas empresa, etcétera)… la culpa del humano.

Pero al final del todo, cuando bajamos a hablar con las personas nos damos cuenta que no solamente es el uso de un equipo técnico, la aplicación de un método, la aplicación de un procedimiento para la realización de un trabajo concreto..., nos damos cuenta que detrás hay personas con una historia, con unas vivencias, con una situación personal o familiar y de relación con su empresa que al final le termina afectando en su día a día. Una carga de trabajo que excede lo físicamente posible, agotando no solo físicamente al trabajador, colapsándole también a nivel mental y llevándolo a situaciones de riesgo. Situaciones que por lo general y observando las evaluaciones riesgo no se contemplan. Llevándolo a asumir riesgos por la necesidad de conservar el puesto de trabajo y el miedo a decir las cosas.

Mi experiencia personal en los últimos años de contacto directo prácticamente a diario con los trabajadores en acciones formativas, me está aportando una información y una experiencia que me reafirma en la idea de que no se tiene en cuenta a la persona. Hace pocos días al finalizar un curso, algunos de los alumnos me daban las gracias al despedirse, y me dijeron, gracias por tratarnos bien.
Esta frase me tocó directamente, me hizo pensar de qué forma serán tratados en sus empresas o en sus diferentes relaciones laborales. La gente necesita que la escuchen y la oigan. Realmente quien tiene la información de lo que está sucediendo en el trabajo son los propios trabajadores. Gente que tiene sus problemas domésticos, que no sabe si podrá pagar la luz, la casa, el colegio, que se siente desmotivado en puestos de baja cualificación cuando disponen de titulación universitaria y en algún caso varios máster. Que se ven atados a empresas que están más cerca sus sistemas de recursos humanos a la época colonial, que de las empresas saludables que se propone desde la administración.

46% de las lesiones son infartos o derrames cerebrales

Estar en una empresa en la que el trabajador no siente reconocido su trabajo, en la que la estabilidad en el empleo no le asegura una continuidad, en la que sus condiciones de promoción en muchas ocasiones están más que limitadas a mantenerse toda su vida dentro de esa empresa en el mismo puesto, el recibir un salario que muchas de las ocasiones es más que justo después de exceder en varias horas lo que es la jornada oficial, sumarle a todo esto la relación con los compañeros y determinados estilos de mando, puede llevar al trabajador a sentir no solamente estrés por las situaciones de carga de trabajo, sino también insatisfacción, desinterés y muchas veces fatiga, lo que le va a conducir que en su día a día su mente ceda y desconecte de lo que está haciendo y empiece a trabajar en modo autómata, que su cerebro aplique el piloto automático y como todos los días o la mayoría de ellos la situación se repite, los problemas económicos, la situación laboral, los mismos compañeros, conflictos, la misma faena, paso por los mismos sitios, cojo las mismas cargas…,al final nuestra mente automatiza procedimientos y deja de prestar atención a la periferia, solamente realiza las acciones automáticas que tiene interiorizadas. Hasta que un día de repente en ese círculo exterior que rodea al trabajador en su día a día entra algo que no es habitual, se cruza un gato, un compañero que pasa por un pasillo por el que normalmente no pasa, un palé que lo han dejado donde no toca… y al estar abstraído y de forma automática realizando siempre mismo, su mente no ve lo que sus ojos perciben, no ve el palet, no ve el derrame, no ve la zanja... materializandose en ese instante un accidente.

Por eso y después de estar viendo los datos estadísticos ya ofrecidos del año 2018, cuando vemos apartados como qué un 46% de las lesiones son infartos o derrames cerebrales, más del 15% son choques contra objetos inmóviles y más del 12% son accidentes de tráfico, me hace pensar que más que un fallo técnico, es un problema humano de despiste o por desconexión. Pienso que un infarto o un derrame cerebral no suele producirse por caerme o por tropezarme, porque una máquina le han fallado los frenos o porque un andamio se ha desmontado. Detrás hay factores humanos que lo que están provocando, es que nuestro organismo funcione forzado un día tras otro, un mes tras otro, hasta que al final se produce una pequeña lesión cardíaca, una hipertensión trastornos de ansiedad, que termina desencadenando un mal mayor.

Desde el punto de vista preventivo estamos teniendo empresas y personal que se están preocupando del apartado técnico, del apartado de producción…, pero están dejando de hablar con la persona que está detrás de la máquina, con la persona que se pone los zapatos de seguridad, con el que cada día está trabajando a varios metros de altura o manipulando una máquina de varias toneladas y por lo tanto no detectando en muchas ocasiones esas circunstancias personales que pueden llevar a una persona abstraerse por completo de lo que en un momento determinado está haciendo, y dejar de tomar conciencia de su presente y tener un accidente.

Debemos trabajar para cambiar el enfoque e integrar a la persona. Dar herramientas a los trabajadores para negociar con el estrés, la ansiedad, el poner en valor sus cualidades personales dentro de la organización, pero también hacer que la organización empresarial empezando desde la cúpula, asuma que por ejemplo, que estar más horas en el puesto de trabajo no es equivalente a producir más, que un trabajador que no se sienta valorado o integrado, es un trabajador insatisfecho que no se implica y bajará su rendimiento. También la empresa tiene que ver que cualquier baja por accidente o por enfermedad común, tiene un coste superior al que a simple vista observamos (pérdidas en perdidos que no salen a tiempo, daños en instalaciones, pérdida de imagen y prestigio de la marca, sustituciones, y un largo etcétera de costes ocultos que puede llegar a generar pérdidas o una sustancial merma de los beneficios.

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